Hoy en día vivimos en una sociedad en la que lo primordial es el ser material. Las empresas invierten millones de dólares en publicidad, la cual tiene cada vez un poder mayor de atracción sobre la población. La publicidad ya no es sólo percibida por los ojos, sino por todos los sentidos mediante diversas estrategias de marketing, como el scent marketing, el cual incita a captar la atención del consumidor a través del olfato. Los colores, el tacto y la posición de los productos influyen también en la decisión de compra de un producto u otro, lo que genera incertidumbre en el consumidor.
Desde pequeños somos enseñados a valorar las cosas materiales por lo que cuestan y por la posición social que éstas nos otorgarán, fuera de lo que realmente nos puedan aportar. Debido a este amor incondicional hacia lo material y a la sociedad capitalista que existe hoy en día, en el interior de los consumidores (la población) se produce un sentimiento de insatisfacción y de ambición. Cada vez necesitamos más - más zapatos, más ropa, un coche con más accesorios, un móvil con la pantalla más grande... cosas que ya tenemos y que realmente no nos hacen falta, pero que harán que el sentimiento de vacío se llene hasta que llegue la próxima necesidad.
Esta felicidad material es la culpable de que hoy en día se tengan tantos problemas en el mundo, mayormente sociales, demográficos y climáticos. La gente se preocupa de ser feliz a nivel individual, conseguir lo que necesitan en tal momento para ser felices mientras este nuevo objeto les ocupe la mente.
Debido al bloqueo que las cosas materiales obtenidas nos crea, no somos capaces de sentir empatía con lo que ocurre a nuestro alrededor. Escuchamos en la televisión que hay guerras, atentados, hambre, enfermedades mortales... pero no se nos enciende la llama de solidaridad que se necesita para cambiar el mundo. Simplemente, ya que esto ocurre relativamente lejos de nuestro país, sentimos pena los dos primeros minutos que oímos la noticia, para después centrarnos en nuestros asuntos personales y girar la cara hacia el otro lado, haciendo de nuevo nada por la humanidad. Causa impotencia el saber que si la población mundial estuviera concienciada de los problemas actuales que sufrimos en la Tierra, juntos y con pequeños y grandes actos podríamos cambiar el mundo que hoy en día conocemos. No obstante, todo empieza por la reflexión individual que cada uno experimenta, en la que desgraciadamente no entran temas de interés internacional en las mentes de millones de personas, las cuales resultan ser mayormente las felices tanto material como económicamente. Un dicho lo explica muy bien "La barriga llena les impide hasta pensar". Una vez conseguido lo deseado, la mente sólo se centra en el siguiente deseo.
Es triste saber que hay gente que verdaderamente lucha y sufre por tener una vida digna, y gente que no mueve un dedo en la vida y ya la tiene resuelta para siempre.
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