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lunes, 2 de febrero de 2015

Por esos días

La calle está tranquila. Las gotas de agua caen de las hojas y de los bordes de las puertas. No hay más que silencio en el tiempo que dura un cigarro. Pasa un coche en silencio y después otro, pero ninguno más. Mi cabeza está por fin tranquila.
Tras todo un día de acciones, pensamientos e ideas, caigo en la cuenta. Mi mente sólo piensa en cambiar, empezar con algo nuevo, buscar algo que me pueda llenar temporalmente.

Mi corazón sólo quiere una pausa. Parar, observar (observarme) y meditar, pero no reflexionar.
No quiere sobreanalizar nada más. No quiere escuchar más quejas. No quiere tener más situaciones malas por las que pasar. No acepta más malos pensamientos. No quiere más sufrimiento innecesario.

Esta noche, necesaria para escuchar a mi yo interior, consiste sólo en silencio, necesario para pensar en las cosas que hasta ahora hice sin quererlo por mí.

Esta noche siento necesario el cambio.

Comienza una nueva etapa, en la que los sentimientos de mi corazón van a ser más importantes y van a ir por encima de cualquier autocrítica de mi mente. Una etapa de estabilidad interior.

De nuevo, comienza mi verdadero yo. Comienzo a florecer.

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